Las consultas presidenciales dejaron algo más que ganadores, dejaron mensajes políticos claros sobre cómo se está reconfigurando el escenario electoral en Colombia y sobre qué liderazgos logran conectar o no con el electorado.
Fueron tres consultas. Y aunque cada una tuvo sus dinámicas particulares, todas revelan algo del momento político que vive el país: castigos electorales, errores de cálculo y sorpresas que comienzan a reordenar el tablero.
El castigo político al proyecto de Claudia López
La primera de estas consultas fue la liderada por Claudia López y Leonardo Huerta. Una consulta que, más que consolidar un liderazgo político, terminó evidenciando un debilitamiento profundo de ese sector.
Más allá de los resultados, el hecho de que Angélica Lozano, una de las congresistas más visibles del país y figura estrechamente asociada al proyecto político de Claudia López, no haya logrado mantenerse en el Senado deja una lectura política inevitable: un voto castigo.
Un castigo que parece tener varias explicaciones. Durante años, el electorado que acompañó a Claudia López la identificó con un discurso alternativo, independiente y cercano al progresismo. Sin embargo, en los últimos años ese posicionamiento comenzó a diluirse.
La renuncia al Partido Verde, las posiciones ambiguas frente al Gobierno y la sensación de un liderazgo que va y viene entre distintas posturas terminaron generando un distanciamiento con parte de su base electoral.
En política, cuando el electorado percibe incoherencias, responde. Y en este caso, el mensaje parece claro: ese proyecto político perdió parte de la credibilidad que había construido.
Roy Barreras y el error de creer que podía repetir la fórmula
La segunda consulta dejó otro mensaje político importante: el de Roy Barreras.
Barreras fue, sin duda, uno de los grandes articuladores del acuerdo político que permitió que Gustavo Petro llegara a la presidencia hace cuatro años. Fue el hombre que logró tender puentes, generar confianza en distintos sectores y construir una alianza que hizo viable la candidatura de Petro ante el establecimiento político.
Ese papel le dio un lugar central dentro del proyecto político del petrismo. Pero Barreras parece haber cometido un error de cálculo: creer que el capital político acumulado como constructor de ese proyecto podía convertirse automáticamente en capital electoral propio.
El razonamiento parecía simple: si fue capaz de ayudar a construir la victoria de Petro, también podía hacerlo con su propia candidatura.
La realidad fue distinta. El electorado progresista nunca lo reconoció como uno de sus liderazgos naturales. Para muchos dentro de ese sector, Barreras sigue representando una figura más cercana a la política tradicional que a la identidad del proyecto de izquierda.
El resultado deja claro que una cosa es ser el estratega detrás de una victoria y otra muy distinta ser el líder que las bases quieren al frente.
Daniel Quintero y el desgaste de una estrategia permanente
Otro de los grandes damnificados de estas consultas fue Daniel Quintero. El exalcalde de Medellín venía construyendo un posicionamiento nacional sostenido. Durante meses logró proyectarse como uno de los principales herederos políticos del proyecto del presidente Gustavo Petro.
Pero su estrategia terminó generando el efecto contrario. Consultas, procesos de recolección de firmas, cambios de estrategia, anuncios y rectificaciones constantes terminaron confundiendo a su propio electorado. Demasiadas jugadas políticas en muy poco tiempo.
Un fenómeno que muchos podrían resumir en una imagen muy conocida: la del pastorcito mentiroso. Cuando se anuncia demasiado, cuando se juega demasiadas veces al mismo movimiento, el mensaje pierde credibilidad.
A esto se sumó otro factor determinante: la irrupción de Iván Cepeda en la carrera presidencial. Hasta ese momento, Quintero y Gustavo Bolívar aparecían como dos de los principales referentes del petrismo electoral. Pero la candidatura de Cepeda reorganizó el mapa interno de la izquierda y debilitó esos posicionamientos.
El intento de imponer su candidatura por la vía de la confrontación tampoco encontró eco en las bases del Pacto Histórico, y el resultado terminó siendo una pérdida de fuerza política justo en el momento en que buscaba consolidarse.
Una consulta previsible y una sorpresa inesperada
En el otro extremo del espectro político, los resultados fueron más previsibles. Paloma Valencia logró una votación importante dentro de su sector, algo que estaba dentro de lo esperado para una candidata respaldada por el Centro Democrático y por la figura del expresidente Álvaro Uribe.
Pero la verdadera sorpresa de estas consultas no estuvo allí.La sorpresa fue Juan Daniel Oviedo. Oviedo ha logrado posicionarse de una manera poco común en la política colombiana actual. En medio de un ambiente marcado por la polarización, ha construido un liderazgo basado en el rigor, el respeto y la seriedad en el debate público.
Ha criticado al Gobierno cuando ha sido necesario, pero sin caer en el ataque personal ni en la destrucción política del adversario. Ha debatido con argumentos y con cifras, algo que no siempre es frecuente en la política nacional.
Eso le ha permitido conectar con sectores distintos del país político. La derecha lo cuestiona, la izquierda también lo interpela y el centro lo observa con expectativa. Pero precisamente esa dificultad para encasillarlo es parte de su fortaleza.
Oviedo ha logrado devolver valor a palabras que muchas veces parecen ausentes en la política: la seriedad, el rigor intelectual, el respeto por el otro y la coherencia en el discurso. Y por eso su aparición en el escenario político resulta tan interesante.
Hace mucho tiempo que en Colombia no se veía un liderazgo que conectara con la ciudadanía desde ese lugar. Tal vez, salvando todas las distancias, algo parecido no ocurría desde la irrupción de Antanas Mockus en la llamada Ola Verde.
Un liderazgo que no se basa únicamente en la confrontación política, sino en la capacidad de inspirar una forma distinta de hacer política.
Un tablero político que apenas empieza a moverse
Las consultas no definieron la elección presidencial. Pero sí dejaron señales importantes sobre hacia dónde se está moviendo el país político.
Algunos liderazgos parecen haber entrado en una fase de desgaste. Otros intentan reposicionarse. Y nuevas figuras comienzan a abrirse espacio en un electorado cada vez más exigente.
Las consultas dejaron ganadores y perdedores. Pero, sobre todo, dejaron algo más importante: la evidencia de que el tablero político colombiano está en plena reconfiguración. Y en ese escenario, la verdadera contienda apenas comienza.

